#416: Reparaciones - 2016-11-21

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El día se hizo corto en la casa de Chillán. Luego de almorzar, Rosa pidió permiso para tomar una siesta, porque el calor de la tarde la sofocaba.

Como en la casa sólo había una cama — la cama de María — en buen estado, Doña Clara y sus hijos usarían sacos de dormir para pasar la noche. Rosa durmió su siesta sobre la cama de María, y durante la noche durmió sobre su saco de dormir, no dentro de éste.

Las actividades al día siguiente comenzaron muy temprano. El dormitorio — otrora guarida de plagas de todo tipo, por las que María tuvo que pagar una fortuna para exterminar — era el único lugar limpio de la casa. Había mucho trabajo que hacer. Doña Clara y sus hijos habían ido a Chillán a eso, a ayudar a María con la tarea de volver a dejar habitable su casa, después de años de abandono.


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Lo primero que hicieron después de desayunar fue quitar el papel tapiz que estaba viejo y deteriorado, barrer por toda la casa y recoger la basura.

Eliana y Hugo salieron a comprar materiales tales como cera y virutilla para pisos, clavos, etc.; al llegar a la ferretería, Hugo le pidió a Eliana comprar un taladro eléctrico que estaba en oferta. También compraron algunas tablas, clavos, tornillos, papel tapiz, pegamento y pintura, los que fueron despachados a domicilio.

A las 14:30, el almuerzo estaba listo. Luego de eso una siesta, dos horas más de trabajo, tomar once y dormir. Así pasaron varios días en la casa de María Sepúlveda.


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Fue durante estos días que Pedro mostró su talento innato en la carpintería. Era muy hábil con el serrucho y rápido con el martillo, y además tenía mucha fuerza y energía para trabajar. Aunque Hugo le ayudó a reparar las puertas, la mayor parte del trabajo lo hizo él.

Pedro estaba tan entusiasmado que cometió algunos errores por confiar demasiado en su fuerza. Para ahorrar tiempo, intentó lanzar unas tablas desde el patio hacia el segundo piso a través de una ventana que no tenía vidrios. La primera tabla que lanzó pegó en la muralla a medio metro de la ventana, y cayó al lado de Pedro. La segunda entró, pero se cayó por la escala al primer piso. La tercera chocó con el techo y con el impulso pasó hacia el otro lado de la casa. Fue entonces que María le pidió que no volviera a hacer eso.


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La mañana del tercer día, se procedió a encerar el piso. Había que usar pantuflas para no ensuciar el piso recién encerado. Además, había que tener cuidado, ya que estaba muy resbaladizo.

A Eliana las pantuflas le quedaban sueltas, y en una ocasión tuvo que detenerse para volver a atárselas. En eso, a doña Clara, que estaba pasando un trapo con cera con el escobillón, doña María la llama a la cocina. Doña Clara, al pasar, no se da cuenta que Eliana estaba atándose las pantuflas, y la pasa a llevar con el escobillón, empujándola hacia el suelo. Eliana, aún adormilada, no se da cuenta y es incapaz de reaccionar; es empujada por doña Clara y se desliza por el piso encerado, sin poder detenerse. Rosa ve a Eliana deslizarse, y logra detenerla antes de que choque con los baldes de pintura, aunque en forma accidentada.

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