#157: Ordenando la casa - 2009-08-11

Rosa miraba con resignación el cuerpo sin vida del ave, tratando de tranquilizarse y pensar en como prepararlo. Pedro y Hugo rápidamente armaron una fogata y encendieron el fuego.

- Hay que pelar el ganso y lavarlo bien; si tuviéramos sal, podríamos limpiarlo bien... no va a quedar rico, haré lo que pueda.

Rosa estuvo un largo rato preparando al animal para ser asado. Pedro y Hugo la miraban con impaciencia, aunque el aspecto del animal ensangrentado no era un espectáculo agradable.

Cuando estuvo listo, los niños dijeron que ella tenía que elegir la mejor presa. Rosa sólo atinó a sacar un trutro, cuyo sabor no fue tan agradable como ella quería.

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- No te pongas así, Rosita. - le dijo Pedro al verla deprimirse - " Aquí estamos en la nada misma, así que tenemos que comer lo que haya. "
- ¡Pero quedó mal hecho! - Rosa se lamentó.
- Considerando que no hay agua caliente, ni sal, ni zanahorias, ni cebollas... creo que está bastante bueno.

En efecto, rápidamente los chicos devoraron la carne del ganso, ya que estaban muertos de hambre por tanto caminar. Pronto siguieron caminando, hasta que se encontraron con una escena que les pareció familiar.

- ¿Y ahora por donde? - preguntó Hugo, quien fue el primero en percatarse.
- Supongo que por donde mismo. - respondió Pedro - Esto supongo que llevará a alguna parte, ¿Cierto?
- Lo dudo. ¿Ves ese arbolito tirado ahí?
- Sí, ¿Y?
- A la vuelta está ese manzano que ayer...
- ¿Ahí?
- Sí, ahí. Volvimos al mismo lugar donde estuvimos ayer.

Los chicos se miraron confundidos. Hasta el momento, cada uno había dado su corazonada con respecto al camino que debían seguir, pero claramente eso no estaba funcionando.

- Ahora, creo que hay que seguir por el camino del este, pues ese dobla de ahí al sur hasta donde hay otra bifurcación, de donde veníamos, sólo que esta vez tomaremos derecho hacia el sur...
- ¿Al sur? ¿Hasta donde? - preguntó Eliana
- Creo que Talca está más al sur de acá, porque no ves que la camioneta giró y nos tiró al camión. Luego el camión debió seguir derecho hasta donde hay una vuelta hacia la izquierda y de ahí...
- No, Hugo. Mira.

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Eliana tomó un palo e hizo un trazado de lo que, ella pensaba, sería su posición relativa a las ciudades que podrían estar más cercanas, para explicar mejor.

- Aquí, nuestra camioneta siguió en U hacia el sur, y esta curva...
- No. Esa curva era más atrás. Recuerda que nos devolvimos por una parte, y después la vuelta en U giró hacia el este, directo a Talca...
- A San Javier, Hugo... Y estás equivocado de nuevo. En esta curva íbamos a tomar en dirección al sur, luego al este y de ahí viene otra curva, y si unes esta línea a San Javier y esta otra, se forma un ángulo de 45° con el paralelo...
- Eso es cierto, pero después hay OTRA curva que dobla hacia el sur, y después, como a la misma latitud donde caímos, sigue derecho a San Javier pa'l este...
- ¡No es cierto! Esa curva ya la habíamos pasado, y el camino justo al oeste de Talca está cerrado...
- Oigan, - interrumpió Pedro - ¿No estaban ustedes durmiendo cuando la camioneta dio el salto?
- Nadie puede dormir con la cantidad de café que ingerimos para mantenernos despiertos, Pedro. Yo estaba agotada, pero aún así no pude conciliar el sueño...
- Disculpen, - Rosa trató de hacerse escuchar - pero se me ocurrió que en vez de irnos por la bifurcación al sur, nos fuéramos en dirección oeste.
- No llegaremos a Talca por ese camino. - Hugo indicó.
- ¿No?
- No. Lo más probable es que si seguimos derecho por ahí nos metamos muy adentro por este lado de la Panamericana, y...
- ¿Quién te dice que estamos a este o a este otro lado de la Panamericana? - Eliana señaló - Además, si fuera así como tú dices, llegaremos a la costa, y desde ahí inevitablemente llegaremos caminando, ya sea a la casa o a cualquier ciudad de la costa.

Con este comentario, Eliana destruyó las suposiciones de sus hermanos, quienes sólo aspiraban a llegar a la Panamericana para luego ubicarse.

- ¡Buena idea, Eli! Al oeste, pues.
- Vamos.