#219: Los secretos del doctor - 2011-02-24

Rosa está muy deprimida. Es imposible mantenerse al margen de las historias que cada mensaje acarrea consigo. Historias de desastre, muerte y tristeza, escritas por sobrevivientes que buscan ayuda. Ser la única que habla japonés en esta familia de seis ha sido, para ella, más una maldición que una bendición. Sus padres y hermanos la acompañan, cuidándola, acarreando la carga, y sirviéndole de apoyo moral.

Mas ahora, la procesión de mensajes de primera prioridad estaba a punto de terminar en Tōkyō. Pronto tomarían el tren bala a Takasaki, para hacer transbordo hacia Minakami.

Sólo faltaba un mensaje, a entregar en un edificio del barrio de Kōtō. Un hombre muy robusto estaba bajando las escaleras, vestido con un yukata de color azul marino y con un peinado tradicional japonés. Un luchador de Sumo.

El luchador quedó mirando a Rosa, nerviosamente. Rosa se asustó aún más, por razones obvias.

- “ 本当だった! ” (¡Era verdad!), exclamó.

Rosa sólo agachó la cabeza, avergonzada. El luchador siguió su camino, y los Martínez Gómez siguieron su camino, subiendo las escaleras.

En ese lugar, había una consulta dental. Una dentista de alrededor de 40 años pero muy bonita, conversaba con un paciente que terminaba de atender, y miraba de reojo a los recién llegados. La recepcionista, una mujer muy joven y de baja estatura, subió las escaleras rápidamente, y llegó pidiendo disculpas.

En eso se sintió el ruido de una máquina que otro dentista estaba utilizando para limpiar uno de los dientes de su paciente. Rosa pidió hablar con la persona a la cual estaba destinada el mensaje. El doctor Makoto Nishikimoto estaba ocupado con un paciente, y pronto se sintió el ruido de su máquina. Tuvieron que esperar hasta que terminara de atender.

Pero no fue el doctor Nishikimoto el que primero salió con su paciente de su oficina. Un hombre de avanzada edad, piel oscura y baja estatura, cuyo rostro fue inmediatamente reconocido por todos en la familia.

- “ ¿Eh? ¿No es él... Genshirō Yamamoto? ”

- “ ¡Doctor Yamamoto para ustedes! ” - respondió mostrando su molestia - “ ¡Qué hacen ustedes aquí, carajo! ”

- “ Veníamos a hablar con el doctor Nishikimoto... no sabíamos que usted trabajaba aquí... ”

- “ ¡Ja! ¡Seguro ya perfeccionaron esa máquina infernal, y ahora pueden venir gratis a Japón! ¿No? ”

- “ No... er... la destruimos. ”

- “ ¿En serio? ¡No me anden! ”

- “ En serio. Nunca debió haber funcionado. Era sólo una armazón de madera con una lámpara. Yo la construí para hacer un truco de magia, y el truco me salió mal. ¡No sé cómo fue posible que Rosa haya sido teletransportada aquí a Japón! ”

- “ ¡Ya, me van a hacer creer que lo que pasó fue por arte de magia! ¡Sí te vi a ti con el control remoto cuando me trajiste y me volviste acá a Japón, pé! ”

- “ ... Es lo único que atiné a hacer. Quería traer a Rosa de vuelta, no a usted. ”

- “ ¡Bueno, eso ya no me importa! ¡Hablen con el doctor Nishikimoto y váyanse de aquí! ”

- “ Espere... doctor Yamamoto... mi abuelita me explicó lo que era un gyōji, y me dijo que ustedes los gyōji trabajaban para una heya. ¿Cómo es posible que usted sea gyōji y también dentista? ”

- “ Vengan. Les voy a contar un secreto. Pero no se lo digan a nadie. ”

image

El doctor Yamamoto y los Martínez Gómez bajaron al jardín.

- “ En efecto, no soy un gyōji. De hecho, Rosa, a tí ya te dije que yo no soy shintoista. ”

- “ ¿Usted no es un gyōji? Pero... el luchador de sumo que vimos recién... ”

- “ Soy dentista. El luchador se atiende conmigo. Tengo un convenio con algunos heya de por aquí. Los luchadores de sumo comen muy bien, se cuidan mucho, nunca tienen caries, pero a veces ocurren accidentes, y además sería bastante malo que tuvieran algún problema dental. Los de mayor categoría son personas muy famosas, y tienen que cuidar su imagen pública. ”

- “ Oh. ”

- “ Si arbitré las peleas ese día, fue por razones de fuerza mayor. El gyōji a quién sustituí tuvo un accidente, pero estábamos en medio de un honbasho, y ellos no tenían un sustituto. ¿Te acuerdas del gyōji que arbitró cuando tú te enfrentaste contra ese luchador? ¡Él era el gyōji de verdad! ”

- “ Oh. ”

- “ ¡Y yo lo estaba haciendo muy bien, pé, hasta que caíste en el dohyō y arruinaste todo! ¡Soy un experto en sumo, varias veces he dado mi opinión en decisiones difíciles! ¡Y pues ya les conté la historia de mi vida, así que me largo, ya que ahí viene mi paciente! ”

- “ Una última pregunta... ¿Por qué usted habla como peruano? ”

- “ ¡Porque soy peruano, y a mucha honra! ¡De la heroica ciudad de San Pedro de Tacna, para que me conozcan! ”

El doctor Yamamoto entonces se dedicó a atender a su paciente. En eso el doctor Nishikimoto había terminado de atender a otro paciente, y los hizo pasar. Para él, fueron muy buenas noticias. Su hija había dado a luz a trillizos, y su pierna derecha había mejorado, no tendría que ser amputada. Pero ella, florista y madre soltera, había perdido todo, y necesitaba ayuda. El doctor Nishikimoto viajaría esa misma tarde a Kōbe.

Luego tomaron el metro hasta la estación Ryōgoku, desde donde podrían tomar tren usando los pases. Pero antes de irse, decidieron comer algo. Esta vez no era tiempo de honbasho (torneo oficial de sumo), pero aún así estaban nerviosos de estar ahí. No se encontraron con otro luchador de sumo a esa hora. Vieron un letrero con un restaurant a pocas cuadras de la estación de metro, así que fueron ahí. Comieron un guisado llamado chankonabe... cocinado por un luchador de sumo retirado.